5 de julio de 2011

Jesús la Salvación Eterna



Amados, a través de esta enseñanza conocerás el plan de salvación de nuestro Señor Jesucristo el Salvador del mundo. 

El pecado en el hombre es todo aquello que infringe la ley de Dios y va en contra de su voluntad, Romanos 3:23, Tito 2:11-12; 3:5-7.

El pecado se origino en Satanás cuando este lleno de envidia y de orgullo queriendo ser como Dios, se rebeló contra el Altísimo. El pecado entro en el mundo por Adán, Génesis 3, Romanos 5:12-19, cuando desobedeció a Dios comiendo del fruto prohibido. En el momento que él cayó, caímos todos porque él era el hombre fuente del cual procedemos todos, por eso todos nacemos pecadores. Y ésta naturaleza pecaminosa ha sido transmitida desde su generación hasta la nuestra.

La naturaleza del pecado, Romanos 14:23, I Juan 3:4; 5:17, Santiago 4:17. La palabra de Dios describe el pecado de diversas formas, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento la palabra más usada para definirlo es errar al blanco y aparece por primera vez este vocablo en Génesis 4:7 y más de cien veces en el Nuevo Testamento. Otras definiciones con respecto al pecado son: Torcido, rebelión, desorden, ignorancia, cruzar la línea, etc.

Sin embargo Dios es justo, Salmo 145:17. Y aunque por amor y misericordia deseaba salvarnos teníamos una deuda pendiente con Él porque “De ningún modo tendrá por inocente al culpable”. Números 14:18. Por consiguiente para que Él pudiera perdonarnos debíamos cumplir las demandas de su justicia.

Así, para salvar a los descendientes de Adán, Dios necesitaba un Salvador que como tal llenara ciertos requisitos: Primero debía ser Sumo Sacerdote para siempre, y esto sólo era posible a través de una vida indestructible. Segundo debía ofrecerse voluntariamente a Dios y ser sin mancha (pecado) y sin contaminación para que fuese “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Tercero debía ser humano para que pudiera ser nuestro pariente. Cuarto debía descender al infierno y arrebatarle las llaves de la muerte y del Hades al diablo.

¿Qué humano podría realizar semejante Misión? Ninguno. Por lo tanto, cuando en la eternidad Cristo se ofreció a Dios como nuestro fiador, Él sabía que debía encarnar, Filipenses 2:5-11. Cristo cumplió con las demandas divinas, porqué Él se ofreció voluntariamente y encarnó tomando un cuerpo humano para ser nuestro pariente cercano y poder redimirnos, Rut 3:12, Juan 10:14-18. Fue el Cordero de Dios, porque no tenía defecto ni pecado. Instituyó un Nuevo Sacerdocio, el de Melquisedec (El sacerdocio anterior el Levítico era por descendencia a diferencia de Melquisedec que es por el poder de una vida indestructible, Hebreos 7:15-17). Descendió al infierno y le arrebató las llaves de la Muerte y el Hades al diablo, Hebreos 2:14-15, Apocalipsis 1:18.

Al tomar un cuerpo como el nuestro, Cristo jamás volverá a tener el que poseyó antes de la encarnación, Él es Dios, tiene un nombre que es sobre todo nombre, Filipenses 2:9 y que asumió la misma Gloria que desplegaba antes que el mundo fuese, Juan 17:5, pero se unió a la raza humana en forma insoluble, Él es Dios - Hombre, y nos ha prometido un cuerpo glorificado semejante al Suyo, cuando Él se manifieste, I Juan 3:2.

Cristo es nuestro mediador, I Timoteo 2:5, integró la justicia divina de manera que podemos acercarnos confiadamente a Dios, por el camino nuevo que abrió para nosotros, Hebreos 10:19-22. La culpabilidad del hombre encuentra su perdón en Cristo, Romanos 3:21-22, I Corintios 1:30, II Corintios 5:21. 

Antes de Cristo en el Antiguo Testamento podemos observar que los pecadores eran perdonados mediante holocaustos, en el libro de Levíticos, en los capítulos del 1 al 6 se especifica como eran presentadas las distintas clases de sacrificios y ofrendas. Adicional a estos, YHVH Dios ordenó a los israelitas que como estatuto perpetuo guardaran un día al año para humillarse delante de Él y para hacer expiación por los pecados del pueblo, Levítico 16.

El propósito de este rito era la purificación de la nación, sólo en ese día entraba el Sumo Sacerdote al Lugar Santísimo lo cual era figura del Sacrificio de Jesucristo, nuestro Gran Sumo Sacerdote quien con su propia sangre entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo para quitar del medio el pecado y obtener nuestra eterna salvación; Hebreos 4:14, 9:12, 9:24-26, 28; Hebreos 8-10. El día del perdón, en Hebreo Yom Kipur se sigue observando por el pueblo Judío. 

El Nuevo Testamento nos enseña que los sacrificios y las ofrendas del Antiguo Testamento es un símbolo impuesto hasta el tiempo de reformar las cosas, Hebreos 9: 9-11, de tal manera que ahora Cristo está presente y es el sacrificio de Él que realmente cuenta.

Lo medular de los sacrificios del Antiguo Testamento era que la sangre de toros y de machos cabríos debía ser derramada. Cristo, el Cordero de Dios dijo: que su sangre sería derramada por muchos para el perdón de pecados, Mateo 26:28. El valor infinito del sacrificio de nuestro Señor está en el hecho que la sangre es esencialmente la del Hijo de Dios y por eso nos limpia de todo pecado I Juan 1:7. A través del sacrificio de Cristo, la justicia y la gracia de Dios quedan en permanente equilibrio. Les explico porque: Primero por que la justicia de Dios requería que el culpable fuera condenado, esto se cumple en el momento en que Cristo llevó nuestros pecados en su cuerpo, I Pedro 2:24, e hizo justos a los pecadores evitando que éstos fueran castigados, Romanos 5:19. Segundo que el hombre puede acercarse a Dios, quien en su gracia y no por obras, perdona y salva, Romanos 3:24, 5:1-2, Efesios 1:7, 2:8, Tito 3:7.

La sangre de nuestro Señor Jesucristo tiene poder porque es la sangre de Dios encarnado, ella nos redime, salva, santifica, libera, nos hace vencer a las huestes espirituales de maldad. Jesús al morir en la cruz derramando su sangre, derrotó al diablo y a su reino de tinieblas, Colosenses 2:15.

Expiación, Propiciación, Rescate, Pacto:

La palabra expiación viene del verbo expiar, en hebreo “Kaphar” que significa cubrir, ocultar, tapar una cosa con otra. Expiación es el acto por medio del cual se cubre satisfactoriamente una ofensa o deuda.

Propiciación, es la ofrenda que apacigua la ira de aquel contra quien se ha cometido una ofensa, es decir “Apaciguar, es poner en paz”.

Cristo cubre nuestros pecados con su sangre, que es la ofrenda que apaciguó la ira de Dios. La propiciación de Cristo fue para Dios, quien no cambio de carácter, sino de actitud hacia la humanidad. La sangre de Cristo compensó a Dios porque Él lo resucitó, Hechos 2.24 y exaltado por la diestra de Dios, le dio un nombre  que es sobre todo nombre, Filipenses 2:9 y envió la Promesa del Espíritu Santo, Hechos 2:33.

En los Evangelios de Mateo 20:28, Marcos 10:45 y en I Timoteo2:6 encontramos la palabra rescate, del verbo rescatar que significa recobrar por precio o por fuerza lo que el enemigo ha cogido y por extensión cualquier cosa que pasó a ajena mano. Explicando esto, significa que el hombre era esclavo de Satanás e incapaz de rescatarse a sí mismo, de tal forma que Cristo encarnó y con su sangre nos rescató. Aunque el hombre era prisionero del diablo, Cristo pagó a Dios y no al diablo, porque todos pertenecemos a Dios, Salmo 24:1, Juan 17:6,9. No le debemos nada al diablo, él ha sido juzgado  y condenado, Juan 16:11, Romanos 16:20.

Jesús libera al hombre del poder del diablo, quien lo ha tenido cautivo, Lucas 4:18, II Timoteo 2:26. Jesucristo vino a rescatarnos de ese hombre fuerte, Lucas 11:21-22, Cristo el ungido de Dios, nuestro Libertador, Juan 8:31-36, Isaías 61:1.

El pacto eterno se llevó a cabo en la eternidad, cuando Cristo, mediante el Espíritu Eterno, se ofreció al Padre para ser nuestro único mediador, Hebreos 9:14. Jesús lo que hizo fue como firmar un compromiso y al saldarlo nos liberó de la obligación que teníamos pendiente con Dios, por ejemplo Colosenses dice que Dios anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, la deuda que nos era adversa. El Señor Jesús como nuestro garante liquidó nuestra deuda y nos reconcilió con su Padre. El pacto eterno es un pacto de salvación entre Dios y los hombres, en donde la redención de los hombres no fue algo improvisado por Dios sino que Cristo desde antes de la fundación del mundo se ofreció y fue destinado para ser el Cordero de Dios, I Pedro 1:18-20.

El pacto perpetuo no se efectuó en la eternidad sino en la tierra podemos dar referencia de esto en Génesis 3:15, este se basa en la gracia de Dios y es posible por medio del sacrificio de Cristo quien al derramar su sangre nos compró la salvación, Hebreos 10:19, I Pedro 1:19, I Juan 1.17. Este pacto significa que es para siempre porque no termina con la muerte física, sino que por el contrario el creyente al morir físicamente, se dirige a la vida eterna con Dios.

La salvación del hombre es un tema que para algunos es conocido, para otros algo completamente desconocido sin embargo de todas las cosas que hemos escuchado y presenciado en este mundo este tema es de vital importancia porque el mismo guarda en sí una verdad que cambia nuestra forma de ver y respecto a la vida. Salvación de salvar, significa librarse de un riesgo o peligro, ponerse en seguro, evitar un inconveniente, dificultad, vencer un obstáculo pasando por encima de él, liberación.

Cristo vino a liberar al  hombre de la culpa del pecado por cuanto ha sido perdonado por Dios, vino a liberarnos del castigo del pecado por cuanto él dio su vida por nosotros, nos libero del dominio del pecado por el poder del Espíritu Santo que habita ahora en el creyente, nos libero de la ira de Dios porque él pagó por nosotros, Romanos 5:9, I Tesalonicenses 1:10.

Al ser librados de la ira de Dios, estamos reconciliados y en paz con nuestro Creador, Romanos 5:1, el Espíritu Santo vino a morar en el creyente desde el momento que este acepta al Señor Jesús como su Salvador, Romanos 8:9-13, no existe creyente en Cristo que no tenga al Espíritu Santo, somos hijos de Dios y coherederos con Cristo, Juan 1:12,13, Romanos 8:17, seremos semejantes a Cristo y reinaremos con Él sobre la tierra, I Juan 3:2, Apocalipsis 5:10, pero aún más excelente será la relación eterna que tendremos con Jesús, Juan 17:24, Él fue a prepararnos un lugar en el cielo, Juan 14:3.

En la Biblia se nos habla del cielo como la residencia de Dios, I Reyes 8:30, Mateo 5:45, el lugar donde Cristo ascendió, Juan 3:13, I Corintios 15:47, Lucas 24:51, I Pedro 3:22 y de donde vendrá otra vez, Filipenses 3:20, es la morada de lo ángeles, Mateo 22:30, allí Cristo intercede por su pueblo, Hebreos 7:25 y es allí donde le tiene preparado un lugar, Juan 14:2-3, en donde todos al fin se reunirán en aquel lugar se experimentará su luz gloriosa, en donde veremos árboles frondosos llenos del esplendor de vida del Creador, la belleza de sus ríos limpios correr, los cánticos, las túnicas, las coronas, el regocijo, la paz, la verdadera felicidad, el real tesoro, la magnificencia de su reino, el cielo es vida sempiterna duradera, perdurable, indestructible e inmortal, un eterno peso de gloria, salvación, reposo, plenitud, alegría del Señor. Gozaremos de la fraternidad con aquellos a quienes hemos amado en el Señor, Mateo 8:11, I Tesalonicenses 4:13-18, la presencia de Cristo y la conciencia de que todo es perfecto y eterno, Apocalipsis 7:9-17. Definitivamente el cielo es un lugar donde los santos vivirán en eterna pureza, el pecado y sus amargos frutos estarán excluidos para siempre. 

El que este bajo la ira de Dios se encamina hacia una eternidad de oscuridad sin Cristo y sin esperanza, la verdad es que Dios no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento, I Timoteo 2:4, II Pedro 3:9. El Señor no preparó el infierno para la raza humana sino para Satanás  y sus demonios, Mateo 25:41, sin embargo este será el lugar eterno de los perdidos aquellos que no quisieron abandonar sus malos caminos y se complacieron en tener una vida de pecado.

La Biblia describe el infierno como un lugar de tormento con fuego y azufre, Lucas 16:23, Apocalipsis 14:10-11, un lugar de pena eterna, Mateo 25:46, de fuego eterno, Mateo 25:41, donde hay llamas eternas y fuego consumidor, Isaías 33:14, horno de fuego y lugar de retribución para el hombre irredento, Mateo 13:41-42, etc.

No hay nada más importante y más seguro que la salvación en Cristo porque estamos en las manos del Padre y del Hijo, Juan 10:28-29 y guardados por su poder, I Pedro 1:5. 

La salvación del hombre mediante nuestro Señor Jesucristo es la gran oferta de Dios, Juan 3:16. Dios es el dador más grande del mundo y su amor es incomparable, él se hizo pobre para que nosotros fuéramos enriquecidos, Jesús es el regalo más importante y más grande que podemos recibir en nuestra vida, solo se necesita creer y confesar para ser salvo. Jesús es la posesión más grande del mundo y él que no la tiene, no tiene nada, aunque tenga muchos bienes terrenales, Jesús es la decisión más importante de nuestra existencia en este mundo, el hombre decide su destino eterno y final.

Jesús es la gran oferta de Dios y si deseas recibir esta oferta divina es necesario que ocurra en ti como primer paso el arrepentimiento sincero de corazón. Arrepentirse es cambiar el modo de pensar, de actuar respecto a nuestra conducta, Cristo inició su ministerio terrenal haciendo un llamado al arrepentimiento, que cambiáramos nuestra manera, forma de pensar y vivir. Arrepentimiento es querer deshacerse de algo que pesa en nuestra vida que sabemos que esta mal y que deseamos cambiar, transformar y ser mejor, II Corintios 7:8-10. 

Un segundo paso sería la fe, creer en el Señor Jesucristo y en su obra redentora que nos salva de la ira de Dios, Juan 3:16, 8:24. Como tercer paso la conversión que significa volver de una dirección a otra que le es opuesta, dar una vuelta y volver de algo, cuando el pecador se arrepiente  y pone su fe en Jesús, este le da la espalda al pecado y se vuelve a Dios. La conversión es la parte visible de la salvación, esto quiere decir que si antes nos conocían de una manera, ellos podrán ver y notar que algo en usted ha cambiado respecto a su conducta, porque ella ahora gira en torno al Evangelio de Cristo.

El arrepentimiento, como la fe y la conversión son obras del Espíritu Santo producidas en el hombre, esta es la gran oferta divina que Dios nos regala.

Ahora que haz leído, meditado y reflexionado sobre este tema tan importante. Si deseas un cambio entero y real en tu vida, experimentar lo que es la salvación eterna, conocer al Señor Jesús te exhorto a que repitas después de nosotros esta oración:

“Señor Jesús yo creo que tu eres el hijo de Dios, que tu moriste y entregaste tu vida por mí, te pido que perdones todos mis pecados, que me limpies con tu sangre redentora, abro mi corazón para recibirte como mi único salvador y Señor personal, lléname con la presencia de tu Espíritu Santo, escribe mi nombre en el libro de la vida, ayúdame a ser obediente a tu palabra y prepárame para tu servicio”. Amen.

Queremos darte la bienvenida a la gran familia de Cristo, te invitamos a que diariamente leas y escudriñes la Palabra de Dios, comenzando con el Evangelio de nuestro Señor Jesús, te incentivamos a que diariamente ores a Dios con tus propias palabras, agradeciendo todas las cosas, te motivamos a que convivas con otros creyentes de Cristo que lo amen, adoren en espíritu y en verdad, para que tu cuerpo sea edificado en el Señor con el conocimiento pleno para el servicio.

La Bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo este con todos ustedes.

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"Por lo tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios". « Efesios 6:13-17 »